El Fantasma apareció con su máscara y yo no tuve necesidad de quitársela. No me importó como era el lado oscuro de aquel que me había embobado desde el primer momento. Lo miré mientras tocaba en el órgano su melodía escalofriante, y me sentí más enamorada que nunca. No pude evitarlo. Entonces, a los tres años de edad, conocí mi primera fantasía sexual; que no era Ricki Martin ni Brad Pitt, sino un personaje misterioso que me presentó mi abuelo.
Lo perseguí a todas partes. En musicales, películas, retazos de canciones en los vericuetos más angostos de la alta cultura. Me enamoré del rock solo porque alguien adivinó que me gustaría su versión en este género. Empecé a buscarlo en el carácter hipnótico y dominante que les exijo a aquellos que pretenden amarme. Nunca lo he encontrado. Escurridizo siempre, el Fantasma se me pierde en los túneles que construye para aislarse de todo.
Ayer vi la película de nuevo. Entonces, al reconocer a Gerard Butler, entendí porqué mi subcosciente lo había adorado toda la vida, sin acordarme de que era el que hacía tal personaje. Siento que lo hizo bien, pero le falta. Y es que el Fantasma de la Ópera no es una cara, no es un actor. Es un espíritu que ronda los sueños menos sospechados. Es una presencia que hipnotiza cada fantasía de las que invento cuando la imaginación necesita sacar de apuros a la realidad.
Hoy un amigo me dijo en broma, al hablarle yo de esta pasión tan diferente: “¿Sabes? Tengo una voz profunda y puedo usar una máscara”. Él no lo sabe, pero desde ya se ha convertido en mi nuevo amor.




3 comentarios
Está bueno me gusta
tengo una historia perecida a esa …..pero es un poco mas complicada
Autor
cuentala para el concurso del foro y quizás te hagas ganador.