La verdadera muerte

Mi abuelo cumplía años el 10 de marzo. Para que no se diga que lo he olvidado, publico ahora esto. Este fue el texto que me abrió las puertas a la facultad de periodismo. A él se lo debo.

Cuando te fuiste no se oyó más ópera en la casa. En tu sillón, ahora vacío, nadie se atrevía a sentarse. Te guardábamos el lugar, como si hubieras ido un momento a la esquina, aunque en los últimos años jamás saliste de la casa. Yo sentía tus pasos a la hora de la siesta, cuando solo nosotros estábamos despiertos, y comencé a conversar con las paredes para no perder la costumbre. Cada vez que regresaba de la escuela esperaba, aun con la plena conciencia de mis doce años, encontrarte fregando o viendo televisión.

No fue el caso. Me dediqué a buscar tu sombra, a esperar atenta cualquier señal del archiconocido Más Allá que pudiera acercarme a ti. Recuerdo que me dije que si el odio o la venganza pueden traer fantasmas, el amor más fuerte debía poder más. Me porté bien, esperando que allá donde estuvieras -porque seguro estabas en algún sitio- fueras feliz viendo florecer lo que sembraste aquí.

Un día volvió a escucharse la ópera, me senté de nuevo en tu sillón y las paredes dejaron de contestarme. Poco a poco dejamos de hablar de ti, casi ni te mencionábamos. La vida seguía y tú no eras parte de ella, y nos tomábamos esa aceptación como una consecuencia lógica, el paso siguiente. La realidad es que te eliminamos de la ecuación como se elimina a un pensamiento incómodo una vez que el dolor dejó de ser importante.

Ahora, que casi no puedo recordar con exactitud tu rostro, me siento más sola de lo que nunca he estado. Nunca te fuiste de la casa mientras estabas en nuestra mente. La verdadera soledad es cuando no te quedan ni fantasmas. Ahora lucho por dejarte en estas palabras no para deshacerme de este resto de ti, sino para preservarlo.

Yo moriré un día, igual que tú, y ya no creo que iré a ningún lugar donde podré verte de nuevo. Sé que no me estás esperando en tranquilidad ni estás sintiendo ahora la felicidad que la vida te quedó debiendo. Sé que donde vivías era en la memoria, y debo dejarte en otro sitio para no matarte de nuevo… para no matarte de la verdadera muerte del olvido.

5 comentarios

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    • E.I.S en 26 marzo, 2015 a las 8:10 pm
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    que difícil es cuando los seres queridos que ya no están, pareciera como si jugaran a escaparse de nuestras mentes, como si solo hubieran estado un instante y de ellos quedara un vago recuerdo con muchas dudas de los detalles peculiares de su personalidad o especto fisico, te haces preguntas sobre lo que hacian, les gustaba, momentos tristes…en fin que al final de todo entre tanta lejania, solo quedan dudas y mas dudas, de aquello que ya fue pero que no esta.
    la vida es un poco cruel pues en nuestro afan de quedarnos con esos recuerdos y aprisionarlos en nuestras mentes, ella se enfrasca en cada dia sin que nos demos cuenta en borrarnos un pedacito de ese tesoro y lo peor es que nos recriminamos mucho el por que de nuestro olvido, sin saber que solo somos instrumentos de esta vida de ese gran juego que es el tiempo.
    mi loca te quiero. un besote
    tu primo.
    PD: NO ME VAYAS A COPIAR ESTO PARA UNA CRÓNICA…..JAJAJAJAJAJA

    • Laharl en 26 marzo, 2015 a las 8:11 pm
    • Responder

    La verdadera muerte, la muerte del olvido… Esa muerte que sigue a la física y que, por desgracia, es más dolorosa que la anterior. Y sin embargo, tiene escapatoria. No será una escape novelesco, en el que vengan de nuevo a la memoria los recuerdos, pero al menos, alejará al olvido. Mientras puedas escribir, dibujar, pensar, hacer, simplemente, lo que has hecho en este blog, recordarás, y la muerte verdadera retrocederá un tanto. Mientras el olvido o la locura no se cieran sobre tí, mientras sigas siendo tú, los recuerdos permanecerán, no intactos o indemnes, pero sí inamovibles.

    • Kent en 1 febrero, 2016 a las 4:56 pm
    • Responder

    Hola, ahora es que tengo la oportunidad de ver tu sitio y es genial. No se si me recuerdas, pero yo si recuerdo a la única persona de la tertulia que hasta ahora comprende mi, poco común, pasión por la opera. Acabo de leer las palabras a tu abuelo y son conmovedoras. Se que el vive en cada agudo apasionado o portamento excelso del aria mas sublime, el aria de la opera de tu existencia, llena de un mar de ambivalencia entre el amor y el dolor pero que tendrá un esplendido final, yo se que si. Si me lo permites, tengo un regalo para ti, tómalo como un sencillo homenaje a tu abuelo. Espero que con esta canción la eternidad, que guarda a su recuerdo tatuado en tu alma, se multiplique.
    PD: Cuando se restablezca la situación escolar te la daré.

    1. claro q me acuerdo de ti, y me debes unas cuantas cosas.

        • Kent en 5 febrero, 2016 a las 5:10 pm
        • Responder

        Solo le debo a Dios pero,uuuuuh, bueno, no me cuesta nada escuchar tus demandas

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