Los ilustrativos santiagueros

Un santiaguero no te va a decir “el carro chocó”, y ya. Eso no tiene color, está pobre. El santiaguero es onomatopéyico. Te dirá algo así como “el carro venía que jo*** loma abajo, y de momento yo oigo “iiiiii” (frenazo), “PUM!!!!” (choque). El tipo voló así (señales con las manos de un supuesto despegue y aterrizaje, silbido de avión que se cae) y se estralló contra el pavimento “plaf” (ahí no solo hay señales de caída, sino de piruetas en el aire y el piso, dignas del mejor thriller norteamericano). Entonces yo dije “ño, se mató!” y salí corriendo para allá. La gente gritaba “Ahhhh Ahhh” y el tipo también gritaba y…” en fin. Uno puede hacer un guión televisivo con lo que un buen santiaguero cuenta.
También somos ilustrativos. Ilustrativísimos. Un santieguero no te va a decir “individuo autorizado a cobrar el importe adecuado en la camioneta, que además con sentido del humor, de la mala forma y muy poco sentido del espacio empuja, ordena que se corran y enlata, en fin, a los pasajeros”. No. Uno dice “machacante”, y punto. Esta palabra abarca el sentido general de lo que se quiere decir. Y deja, de paso, con caras de yo no fui a muchísimos habaneros, quienes, mal pensados, enseguida asocian el término con lo que ellos llaman “afincador” de guagua. Me consta.
Pero eso no es nuestra culpa. El cubano suele tener palabras muy interesantes para designar ciertas cosas. Un ejemplo de ello es la palabra “templar”. Templar, según cualquier diccionario por ahí, es coger un metal, calentarlo hasta su punto máximo para volverlo maleable y luego, cuando ya se ha hecho con él lo que se quiere, enfriarlo. Puede ser en agua o aceite. Y el cubano sencillamente agarró la palabra ¿y en qué la convirtió? En un eufemismo para sexo. Y es que la palabra se parece, y vaya si se parece a la idea. Vaya, más ilustrativo que eso, no sé…
Por último, el santiaguero no habla mal, señoras y señores. Hace algo que en gramática llamábamos “economía del lenguaje”. Un ejemplo lo viví yo, el día que mi jefe, habanero de pura cepa (o sea, que su familia salió de Oriente hace unas tres generaciones), me sacó de quicio y le solté un muy interesante “queloqué”. O sea, en castellano: qué-es-lo-que-es, pero resumido en unas muy cómodas y muy fáciles prácticas tres sílabas que hicieron pensar durante horas. Como mismo alguien a quien admiro dijo una vez que el Español tenía más reglas ortográficas de las necesarias… yo estuve ese día apunto de decir que existían más sílabas de las precisas.

3 comentarios

    • ElSanto en 20 mayo, 2015 a las 7:34 pm
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    hace tanto tiempo que no reía tan sanamente como lo hice leyendo estas líneas, no creía posible que un santiaguero que no fuera humorista tratara este tema de forma tan sugerente y risible, no soy critico literario ni mucho menos, pero soy un lector apasionado, tengo en mi haber mas de un millar de textos leídos, y creo ver que en la autora existen rasgos de genialidad, aunque es joven creo que en el futuro(no muy lejano) nazca en ella la escritora que nos deja vislumbrar en sus palabras. gracias

    • Rapha en 20 mayo, 2015 a las 7:35 pm
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    Jajaja, hasta en el lenguaje los santiagueros hacen reduccion de plantilla, faltó el muy famoso “io” o el “nawe”

    1. mira, el nawe sí sé q no es de aquí, se lo pedimos prestado a los guantanameros. en cuanto el io, tengo una historia graciosa: ese mismo jefe habanero me preguntó q significaba, yo ni siq sabía q allá no se usa. cuando averigue bien todo sobre esa ¿palabra? lo escribiré.

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