El central cerró cuando yo aun era niña. Recuerdo que iba, muy pequeña aun, y desde muchos Kms antes ya se sentía el extraño olor a azúcar, a melaza, en el aire. Mi madre se enfermaba de inmediato. Yo lo amaba. También recuerdo que todas las tardes llovía, que siempre luego de las 7pm se iba la corriente, que había una cantidad enorme de mosquitos, y que en el patio teníamos muchísimas matas de café. Mi abuelo paterno, que murió cuando yo tenía 7, recogía los granos y los secaba y, él con el canto de la mano y yo con una botella, los pelábamos para luego tostarlos.
Recuerdo que cada día llovía vagazo, que era como carbón que caía del cielo y lo dejaba todo negrito de churre. Mi madre lo odiaba. Yo lo encontraba maravilloso. Claro, yo no tenía que lavar.
Allí probé por vez primera la leche de vaca, que se me volvió una adicción. Mi hermana me llevaba a cazar “caguayos” y “guajacones” (palabras ambas que jamás oí antes… y muy pocas veces después). Yo descubrí mi vocación casi-vegetariana: no se me daba bien matar por matar, no colaboraba nunca con eso. En cambio, era bastante buena pescando. No sé porqué, los peces picaban. Será que tenían lástima de mi inexperiencia.
La casa de mis abuelos era de madera, casi cayéndose, frente al minúsculo parque que era el centro del pueblo: alrededor estaban el cine y la iglesia. Ya. Más nada que ver. Yo me iba en tiempo de clases, para pasarme mucho tiempo y la profesora le pedía amis padres que me repasaran y ya. Ella confiaba en mí: yo había aprendido a leer en preescolr, ya solo me faltaba escribir.
No creo que pensara nunca que yo iba a terminar escribiendo tanto. Yo tampoco lo pensé. Jamás he regresado: el central cerró, es ahora un pueblo muerto. Pero en ese pueblo fui feliz, como nunca.
May 21




3 comentarios
Vaya, ahora tengo que invitarte a pescar, principalmente para que me enseñes porque no tengo suerte. Es cierto que los niños son más felices cuando están en contacto con la naturaleza, nada que ver con los jovenes criados con el ultimo grito de la técnica que se vuelven apáticos y solo se sienten happys cuando tienen un ordenador, un móvil o un pase de disco. Aunque sea solo por un momento todos deberíamos experimentar los aires fuera de la ciudad.
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ehhh… experiencia propia, kay? ;P
Tu lo has dicho, mi querida watsan!